En este artículo de Balanz Academy te explicamos por qué planificar la jubilación es cada vez más importante y cómo el tiempo y el mercado de capitales pueden ayudarte a construir un patrimonio para el futuro.
La expectativa de vida aumentó considerablemente durante las últimas décadas. Esto significa que hoy muchas personas van a pasar veinte, e incluso treinta años, jubiladas. Financiar un período tan largo es un desafío que difícilmente pueda resolverse de un día para el otro, y que exige empezar a pensarlo con tiempo.
Vivir más tiempo es, sin duda, una buena noticia. Pero también le cambia la ecuación a los sistemas jubilatorios de todo el mundo, que en su gran mayoría funcionan bajo el esquema de reparto: los trabajadores activos de hoy financian, con sus aportes, a los jubilados de hoy.
Ese esquema funciona bien cuando hay muchos aportantes por cada jubilado. El problema es que esa relación se viene deteriorando en casi todos los países desarrollados y en gran parte de la región, por una combinación de factores que se repite con distintos matices según el país:
- Vivimos más años, por lo que cada persona jubilada demanda al sistema durante más tiempo.
- Nacen menos chicos, por lo que hacia adelante habrá relativamente menos trabajadores activos para sostener a cada jubilado.
- Crece la informalidad laboral, achicando la base de aportantes que efectivamente sostiene el sistema con contribuciones.
En Argentina, este último punto pesa especialmente: la informalidad laboral es una de las principales razones por las que el sistema previsional enfrenta un panorama exigente para las próximas décadas. Pero vale la pena tener en claro que no es un problema exclusivamente local, Europa, Japón, Estados Unidos y buena parte de América Latina discuten hoy, con distinta intensidad, cómo sostener sus propios sistemas de reparto frente a esta misma dinámica demográfica.
La buena noticia: no estamos atados únicamente al sistema de reparto
Frente a un desafío que es estructural y de largo plazo, tenemos dos herramientas fundamentales para complementar lo que el sistema previsional pueda ofrecer:
- El tiempo, que cuando se usa a favor, empezando a planificar temprano, reduce muchísimo el esfuerzo necesario para alcanzar un objetivo.
- El mercado de capitales, que nos permite transformar ahorro en inversión, y esa inversión en un flujo de fondos propio para el día en que dejemos de trabajar.
En otras palabras: no hace falta depender exclusivamente de lo que el sistema previsional pueda pagar dentro de veinte o treinta años. Cada persona puede construir, su complemento al haber jubilatorio.
¿Cómo comenzamos?
Primer paso: definí cómo te gustaría vivir después de jubilarte.
Antes de pensar en inversiones, conviene responder una pregunta básica: ¿qué estilo de vida quiero tener cuando deje de trabajar?
No todas las personas tienen las mismas expectativas. Algunos desean mantener exactamente el nivel de vida que tienen hoy, mientras que otros imaginan una etapa con más viajes, nuevos proyectos o incluso emprendimientos personales.
Definir ese objetivo permite empezar a estimar cuánto dinero podría ser necesario para sostener ese estilo de vida. No hace falta llegar a un número exacto desde el principio lo importante es tener una referencia que sirva como punto de partida.
Segundo paso: Calculá cuánto deberías generar cada mes.
Una vez definido el estilo de vida deseado, el siguiente paso es estimar tus ingresos y gastos futuros. Algunas preguntas que pueden ayudarte:
- ¿Qué porcentaje de mis ingresos actuales necesitaría mantener?
- ¿Qué gastos probablemente pueden disminuir?
- ¿Qué nuevos gastos podrían aparecer?
- ¿Qué parte de esos ingresos podría cubrir una jubilación o pensión, y qué parte debería provenir de mis propios ahorros e inversiones?
Responder estas preguntas permite transformar un deseo en una meta financiera concreta. A partir de esa meta, es posible diseñar un plan de ahorro e inversión que determine cuánto ahorrar cada mes, durante cuántos años y con qué rendimiento esperado, para construir el patrimonio necesario que permita sostener el nivel de ingresos deseado durante la jubilación.
Tercer paso: Utilizá el tiempo a tu favor.
Uno de los conceptos más importantes en este camino es el interés compuesto. Cuando una inversión genera rendimientos y esos rendimientos vuelven a invertirse, el capital empieza a crecer sobre una base cada vez mayor. Ese efecto se potencia a medida que pasan los años.
Por eso el tiempo suele ser uno de los activos más valiosos para un inversor. Comenzar antes implica darle más tiempo al capital para crecer.
Cuarto Paso: Elegí una estrategia acorde a tu horizonte.
No existe una única cartera ideal para todas las personas. En general, cuanto más lejana está nuestra jubilación, mayor suele ser la capacidad para asumir las fluctuaciones propias de inversiones con potencial de crecimiento. A medida que ese objetivo se acerca, muchas personas optan por priorizar una mayor estabilidad del capital mediante inversiones más conservadoras. Independientemente de la estrategia elegida, diversificar suele ser una herramienta clave para administrar el riesgo.
En este proceso, contar con el acompañamiento de un asesor financiero puede marcar la diferencia. Ya sea para comenzar a invertir, revisar una cartera existente o adaptarla a medida que se acerca la jubilación, un asesor puede ayudar a diseñar una estrategia alineada con los objetivos personales, el horizonte de inversión y el perfil de riesgo.
Ultimo paso: Revisá el plan periódicamente.
Construir un plan de retiro no es una decisión que se toma una sola vez. Por eso conviene revisar el plan periódicamente y evaluar si sigue siendo consistente con los objetivos planteados.
Reflexiones finales
La jubilación empieza mucho antes de dejar de trabajar. No importa si faltan treinta años o cinco: cuanto antes empieces, más tiempo tendrá tu dinero para crecer.
En un contexto en el que los sistemas previsionales enfrentan importantes desafíos demográficos, planificar el futuro cobra cada vez más relevancia. El tiempo y el mercado de capitales son dos grandes aliados para construir un patrimonio que complemente tus ingresos y te permita sostener el estilo de vida que imaginás para esa etapa de la vida.